jueves, 8 de junio de 2017

Una especie de guardaespaldas, o algo así


El inspector Lama suspiró antes de decidirse a abrir la puerta de la sala número tres, miró de reojo a la agente recién incorporada y sonrió al reconocer su expresión, entre expectante y de evidente nerviosismo. Le gustaba la actitud de la chica nueva, llevaba aleccionándola semana y media y ya la consideraba la mejor novata en años. Tras más de veinte de experiencia, a estas alturas reconocía perfectamente quién tenía madera y quién se había metido en la Policía por culpa de las series americanas. Y de película precisamente parecía el caso que tenían entre manos, por el pasillo la había puesto al corriente de las últimas pesquisas, al parecer el detenido ya había reconocido su culpabilidad durante la detención, así que tenían que acelerar el interrogatorio para poder sacar lo máximo posible en limpio antes de que llegase su abogado de oficio. 

* * *

La puerta trasera se cerró tras él dando un amortiguado portazo, la salida de emergencia que da acceso a la azotea estaba vencida de tanto uso. Hay algún que otro jefazo que todavía lo hace a escondidas en su despacho, pero en general todos salen a fumar incluso cuando llueve, como es el caso, o cuando el frío es tan intenso que ni el cigarrillo encendido ayuda a mantener los dedos calientes. Prefieren subir antes que bajar a la entrada, y eso que cuenta con un soportal espléndido para no mojarse, principalmente por no encontrarse con todo el que viene a poner una denuncia, que hoy por hoy se hace ya por cualquier menudencia. Antes no, si no era algo de vida o muerte no se le ocurría a nadie venir a dar la lata, y los estadounidenses tienen parte de culpa también con su manía de las demandas... Es lo que tiene la maldita globalización. Aunque la razón fundamental es porque desde allí arriba se vislumbra la contaminación que se cierne sobre la ciudad, como la delincuencia en las calles, a la vista de todos, e invisible para el que no presta atención. Y da que pensar. Además la mente se despeja mejor observando los cambios de luz que se producen en el horizonte. Y ayuda a pensar. 

Ella apareció a los pocos minutos y se sintió ridículo con la capucha del impermeable puesta, es realmente atractiva, guapa no diría tanto, pero le echaría un buen polvo. Demasiado joven para él, eso sí, así que se contentó con ofrecerle fuego. La vio tan abatida que se esforzó por darle conversación: “¿No lo habías dejado?” Se encogió de hombros resignada a modo de respuesta y él asintió sonriendo de medio lado. Es lo que tiene pertenecer al cuerpo, si tienes un vicio se agravará, y si no lo tienes acabarás cogiendo alguno. “¿Sabe qué es lo que más me molesta?”, arqueó una ceja soltando una bocanada de humo y ella bajó la vista para continuar, “Su absoluta falta de remordimientos. Ya, ya sé que soy una ingenua, pero es que esperaba verlo desmoronarse, al final por lo menos.” Otra que ha visto demasiada tele. Eso de que la realidad supera a la ficción no es un cuento chino, es la pura verdad, lo que pasa es que estos niñatos no han vivido lo suficiente aún para darse cuenta. Se le escapó una carcajada al recordar alguna de sus frases durante el interrogatorio, aunque enseguida el sonido a hueco dejó en evidencia que la cosa no tenía ninguna gracia. Ella pareció captarlo, por eso no le dijo nada, por eso le gustaba tanto, por su inteligencia innata, con cualquier otro tendría que explicarse, con ella no era necesario, irguió la cabeza oteando las nubes que se atiborraban sobre los tejados. “Jefe, ¿usted cree que lo condenarán?”

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Cuando entraron el tipo estaba jugueteando con un pañuelo de papel, el agente que lo custodiaba salió enseguida, no sin antes llevarse el índice a la sien para dejar constancia de su opinión sobre la salud mental del detenido. El olor resultaba nauseabundo, se había orinado encima durante la detención y los lamparones resecos revelaban las veces que se había puesto de rodillas en los charcos para suplicar que no lo encarcelasen, que su madre no podría soportarlo. 38 años, hijo único, vivía en el domicilio materno, sin más oficio ni beneficio que una pensión por incapacidad que le había conseguido su padre poco antes de morir. La lesión en la espalda no era para tanto, según alguno de los médicos del tribunal, no obstante se la concedieron, le deberían algún favor a su progenitor, directivo de un sindicato de renombre enfermo de cáncer terminal, y coló. Así que disponía de todo el tiempo del mundo para planificar cuidadosamente sus ataques. Sí, en plural. En realidad lo habían relacionado con el segundo de los homicidios, asesinatos ahora que sabían lo ocurrido, por lo que les sorprendió que comenzase a relatar lo sucedido refiriéndose al primero. 


Tres cadáveres aparecieron en menos de una semana. Nada los relacionaba aparentemente, salvo que habían sido encontrados en el barrio y con tan breve margen de tiempo que les llamó la atención desde el principio. De hecho el inspector tomó las riendas de la investigación del trío decapitado, como pasaron a denominarlo al aparecer el último. Tampoco parecía obra de un asesino en serie, el modus operandi era diferente en cada caso, pese a coincidir en que a todos les hubiesen seccionado la cabeza, pero definitivamente no era obra de un profesional. “Se me escapó la tapa del contenedor sin querer”, declaró al preguntarle cómo había acabado con la primera de las víctimas. Una señora de mediana edad de clase media alta que bajó la basura al volver del trabajo y su cuerpo casi le provoca un infarto al empleado de la empresa de recogida selectiva de residuos que la encontró. “Solo pretendía darle un susto”, se excusó sonriendo divertido. Y se lo diste, cabrón, un susto de muerte, dijo para sí tratando de contener la ira que asomaba a sus pupilas. 

La agente Ferraz se presentó en la comisaría cuando ya llevaban una semana perdidos, hubo que ponerla al día de todos los acontecimientos, aunque fue a ella a quien se le ocurrió revisar los grupos de Facebook del chico gay en busca de posibles sospechosos. Que entre los fans de uno de los cantantes de un reality que hacía furor entre los adolescentes hubiese otro del mismo barrio que el fallecido no sería relevante, de no ser porque su edad contrastaba con la del resto de miembros del club. Tenía el doble de años y no se notaba demasiado, a juzgar por sus comentarios. Fueron precisamente sus reiteradas autoproclamaciones como su fan número uno las que levantaron la liebre. Demasiada vehemencia, de ahí a la violencia hay un paso. Y justamente se mostró ofendidísimo ante una mera burla por parte de la segunda víctima. “O sea que lo mató porque dijo que no le gustaba su peinado”, afirmó más que preguntar el inspector Lama y a la agente se le escapó una sonrisa. 

Empezaba a entender su sarcástica manera de entender la vida y le gustaba el cariz paternalista que tenía con todos sus subordinados. No los miraba por encima del hombro, al contrario, los trataba de igual a igual, sin embargo su consabida experiencia lo llevaba a aconsejarles precaución, excesiva a veces según algún joven impulsivo, que no se atrevía a contradecirlo, ni mucho menos. De sobras estaba demostrado el olfato del detective, simplemente prefería no precipitarse, ni dejarse llevar por corazonadas, las pruebas demuestran los hechos, y la intuición ayuda, pero de nada sirve si no se demuestra, o sea, sin pruebas fehacientes. “¡Eso es paja húmeda para un juez, investigue más a fondo esa pista o no le conducirá a nada, Gutiérrez!”, le había escuchado imprecar a uno de los veteranos, los tacos se los guardaba para él, o bien los decía entre dientes si estaba muy alterado. Cosa de la que había sido testigo en varias ocasiones en la escasa semana y media que lo conocía. 

Llevaban dando palos de ciego por el caso del trío decapitado bastante tiempo cuando ella se incorporó y él quiso hacerse cargo personalmente de su adaptación al nuevo destino. “Andamos un poco desbordados, ya sabe, los de arriba presionando para acallar a la prensa lo antes posible, y el vecindario alborotado como un gallinero en época de cría... Así que mejor quédese a mi lado, Ferraz, y esté siempre alerta, no me fastidie, quiero que lleve los ojos bien abiertos, que no estoy para andar cubriéndole las espaldas, ya me entiende... ¡Ramírez, haga el favor de buscarle otro uniforme a la chica que este le va grande! ¡¿Pero este hombre cada vez está más miope, o es que quiere vestirlas a todas como sacos?!” Le hacían gracia sus alusiones al mundo rural habiéndose criado en el barrio, aunque le habían comentado que sus abuelos eran de pueblo, pueblo. Y también que empezaban a llamarle viejo verde a escondidas por su manía de que todas las agentes usasen pantalones ajustados. Salvo Gutiérrez, que aparte de ser quien mejor lo conoce de toda la comisaría, fue quien le explicó que no era por eso: “Los malos también distinguen un buen culo, ¿sabes? E igual se lo piensan dos veces antes de apretar el gatillo si se dan cuenta de que no eres un tío...”       

“Es que yo lo conozco desde que íbamos al instituto, mucho antes de que se blanqueara los dientes para cantar en aquellos garitos mugrientos de las afueras. O sea, desde cero, antes de que nadie lo conociese, por algo soy su fan...”, el inspector lo interrumpió sin dejarle terminar. “¡Pero si le lleva más diez años! ¡¿Cómo iba a ir en clase con él?!” El detenido puso los ojos en blanco soltando una risita incrédula: “¡Juntos en clase no, hombre! Estudié en el nocturno, ¿vale? No soy muy listo, pero mi padre me obligó a sacarme el bachillerato para poder justificar sus chanchullos en mi curriculum. Y él tampoco es un lumbrera, la ESO tuvo que hacerla por las tardes porque se pasaba las noches cantando y no le iba eso de madrugar, por eso coincidimos...” “¿Y eso qué tiene que ver con su corte de pelo?”, le preguntó sin seguirlo. El aludido volvió a reírse antes de responder: “Nada, nada, es solo que yo sé seguro que el peinado se lo obligaron a cambiar los del programa, porque él siempre llevó el flequillo largo con la raya al lado, como cuando entró, porque tiene mucho estilo y sabe perfectamente lo que le favorece, no como otros... ¡Por eso me sacó de quicio que ese chaval lo criticara! ¡Si de verdad eres su fan no lo criticas! ¡Lo apoyas siempre, siempre! ¡No te dedicas a decir que si tal, o que cual! ¡No!” Lama inspiró ruidosamente: “Y es suficiente motivo para cortarle la cabeza, ya veo.” 


“¡Por supuesto! ¡Le hubiera arrancado los ojos si no me diesen arcadas! Lo que pasa es que el accidente con la sinvergüenza que lo puso verde en la cola del supermercado me dio una idea. ¡Pura envidia es lo que le tenía, la muy...! Y le cogí a mamá el hacha que usa para cortar los huesos del cocido.” Las miradas atónitas de los policías que asistían a su declaración le hicieron añadir: “Es que no le gusta cómo se los prepara el carnicero, prefiere hacerlo a su manera, ya sabe, tiene sus rarezas.” “Y solo por curiosidad, ¿usted tendrá las suyas, no?” “Ah, claro, a mí tampoco me gusta encontrar hilos en el puré, por eso me encargo yo de pasarlo por el chino, mamá siempre me elogia por ello, ¿sabe?, dice que tengo mano para la cocina.” “Y para matar también, al parecer”, añadió el inspector. 

“Pues le he ido cogiendo el gusto, no crea, la primera vez fue por casualidad, ya se lo dije, la amenacé con el cuchillo en la garganta, y la muy estúpida echó la cabeza para atrás justo cuando se me escapó el pie de la palanca que sostiene la tapa en alto. Yo qué culpa tengo de que al Ayuntamiento le haya dado ahora por ponerlos metálicos...” Un destello hizo brillar sus ojos al reconocer: “Ver lo fácil que resultó fue de lo más emocionante, el corazón se me disparó, aunque casi le vomito encima. Ahora bien, es muy sucio, eh, me puse perdido de sangre, tuve que quemar toda la ropa en el callejón y después ducharme otra vez para no molestar a mamá con el olor a humo. Bastante incordio le había ocasionado ya al subir y bajar tantas veces a la calle a aquellas horas...”

“¿Y la dueña de la cafetería qué hizo exactamente, si puede saberse, declarar ante la clientela que prefería a otro concursante?”, inquirió rascándose la nuca, Ferraz se revolvió en su asiento y la observó por el rabillo del ojo procurando no sacarle la vista de encima al detenido, hizo ademán de tranquilizarla al ver su rostro, a punto de echarse a llorar ante las fotos de los cuerpos de las víctimas, aunque se contuvo en el acto, por no dar muestras de su lado amable delante de él. “Cambió de canal cuando iban a dar un resumen de su actuación tras la última gala, ¡como si estuvieran dando algo mejor, vamos! Dijo que estaba harta de verlo hasta en la sopa con el cuento de que era de aquí. A ella le busqué algo especial, usé el cable de acero del que cuelga las horrorosas cortinas de su asqueroso bar. Yo que fui allí porque tienen el plasma más grande de todo el barrio...” “¿Pero usted quién coj... Quién se ha creído que es? ¿El ángel exterminador?” “No, hombre, no. ¡Tampoco hace falta que se altere, eh! Solo soy su fan número uno, ya se lo he dicho, y también una especie de guardaespaldas, o algo así.”

* * *

El inspector notó las gotas repiqueteando en su calva, prefirió mojarse a tener pinta de estúpido y un reguero le estaba entrando por el cuello de la camisa. Se estremeció al sentir la humedad en la espalda, pese a que el aire no venía frío. Es la edad, Paulino, te estás haciendo viejo... “¿Encerrarlo?”, preguntó retóricamente, “Tendremos suerte si acaba en un sanatorio de esos. Yo, si fuera ellos, tiraría la llave para siempre. Alegarán enajenación mental, ya sabe, o cualquier chorrada por el estilo... Pero como no lo detengan en cuanto echen del puñetero reality al pringado ese del que es tan fan, decapita a media España por no haber votado para que se quedase.” Ferraz alzó la vista al fin de sus zapatos para observar su rostro empapado, sonrió con la última frase, una mezcla de profunda tristeza e impotencia se dejaba entrever en el sarcasmo de su jefe. Si tuviera veinte años menos no dudaría en acostarse con él. Las arrugas no podían ocultar la honradez de su expresión, ni todo lo que habían visto aquellos ojos empañaba la bondad de su mirada. Dejémoslo en diez menos.     

 by Eva Loureiro Vilarelhe

6 comentarios:

  1. Hola, Eva. Es la primera vez que te leo y me parece que no será la última. Un relato negro en el que asistimos a un interrogatorio a tres bandas entre el inspector, el psicópata y la agente Ferraz. Dos historias paralelas. Por un lado, la locura del psicópata capaz de la mayor aberración solo porque alguien no le dé importancia a su "ídolo"; por otro, la relación entre los dos policías. Los personajes muy bien caracterizados. Lama, más mayor, asiste expectante a ese fenómeno moderno, un poli maduro, de vuelta de todo, que conoce y acepta, resignado el sistema, y Ferraz que ve en él lo atractivo de la madurez. Estilo directo, duro, en ocasiones irónico... todo lo que se le debe pedir a un estupendo relato negro. Saludos!

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    1. Hola David, antes de nada quiero darte la bienvenida y agradecerte tanto tu atenta lectura como tu amabilidad por dejar un comentario. Me alegro de que te haya gustado, me he sentido cómoda con estos personajes y no descarto que en un futuro puedan aparecer en más historias, ya veremos... Muchas gracias una vez más y un saludo :)

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  2. Hola Eva!, me ha gustado este relato de historias cruzadas, ese contraste entre el poli con experiencia y la novata, todo ello sobre la historia de psicópata!Además todo ello tan bien ambientado. Buen fin de semana!

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    1. Hola Baile, gracias por pasarte y ser tan amable de dejar un comentario. Me alegro de que te haya gustado, de verdad, buen fin de semana para ti también ;)

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  3. ¡Hola Eva! Muy bueno el relato, con ese humor negro e irónico que tiene que tener un buen relato negro (valga la redundancia) y también duro. Me ha impresionado mucho por lo que es capaz de matar la gente y es que, desgraciadamente, tampoco está tan lejos de la realidad la historia que planteas. Muy buena la descripción de los personajes,los diálogos entre ellos, y la ambientación. Me ha gustado mucho.
    Enhorabuena y un besazo guapa.

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Ziortza, estás en lo cierto, hoy por hoy se ha banalizado tanto el valor de la vida que no me extrañaría que se produjesen asesinatos por frivolidades por el estilo... Me alegro de que te haya gustado y gracias una vez más por pasarte. Besos, guapa :)

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